Sinopsis
En un juicio por asesinato, el defendido alega haber sufrido locura transitoria tras saber que su esposa había sido violada por la víctima. ¿Cuál es la verdad? ¿Ganará el caso?
Crítica
Descubrí esta película repasando la filmografía del director austríaco Otto Preminger. Una de mis pésimas costumbres es fiarme demasiado de las valoraciones de filmaffinity. La verdad es que te facilita la vida, porque pones el nombre de un director, actor o lo que sea y te permite ver todas las películas que haya hecho ese señor. De esta forma puedes ver la lista de sus películas junto con la valoración del público. Aunque ya sé que esto no viene al caso de la crítica que estás esperando sobre esta peli; la cuestión es que ahora me toca ir completando filmografías de algunos directores, alguna de cuyas películas haya visto y me haya gustado. Y para esto, como digo, me estoy apañando genial con filmaffinity. Y he descubierto algunos buenos filmes que ya iremos repasando en este blog, que para eso lo hice.
Esta obra es en blanco y negro, cosa que a muchos les echa para atrás. Confia en mi y que no te importe esto, porque si no te vas a perder un montón de películas de obligado visionado y mucha diversión. Además, esta peli va de tribunales, concretamente de un juicio por asesinato; y de la investigación que hacen los abogados de la defensa. A mi me encantan los filmes de juicios, y eso es lo que me atrajo en un principio a esta cinta, además de la presencia del bueno de James Stewart que aquí esta bordado. A esto se le añade una mujer como la copa de un pino, Lee Remick, cuyo personaje tiene tintes de modernidad que no encajan en los años sesenta y que por ello tuvieron que chocar al público original. Se viste con ropa provocativa y sale con amigos masculinos, incluso cuando tiene al marido en la cárcel acusado de asesinato. La tía es muy independiente, otro elemento identitario más propio de los hombres en aquellos tiempos. Para más inri, el marido es aparentemente muy celoso. Hasta el punto de cuando se le deja entrever que su mujer ha sido violada, no se le ocurre otra que ir y matar al presunto violador; para más señas, el dueño de un bar que ambos frecuentan. En realidad, el asesinato nos lo dan ya hecho antes de comenzar la cinta y en toda la película solo nos muestran los hechos durante el juicio y en las entrevistas que el marido o la mujer tienen con su abogado. El leguleyo del que hablamos no es otro que James Stewart, que habiendo perdido la reelección como fiscal se dedica más a la pesca que al propio bufete. Eso es, hasta que entra en escena la mujer del enjuiciado que le contrata como abogado defensor.
Así presentado el caso pinta muy mal para el acusado, que es un agerrido teniente del ejército. Lo de la locura transitoria no hay quien se lo trague. Máxime cuando el asesino se despachó bien con la víctima y la dejó para unos zorros. La trama se convierte en una lúcida investigación y una lucha dialéctica; para que el tribunal vaya aceptando una a una, cual guerra de trincheras, las premisas en las que se va a ir cimentando la victoria o la derrota en este caso. En sus intervenciones en el tribunal, Stewart, está especialmente ocurrente y a veces gracioso; lo que hace que cada sesión se convierta en un disfrute contínuo. Por otra parte, la investigación de la defensa se va tejiendo paralelamente al proceso arrastrando al espectador de tal forma que desde que empieza la película te atrapa. A ello debe sumarsele un final que no decepciona. En resumen la cinta deja un gusto muy agradable después de un rato de entretenimiento puro.
Por cierto, la valoración en filmaffinity es de 8. Eso lo sitúa entre muchas otras buenas películas. Tienes que verla sin falta.
P.D.: Una última cosa. Al dar un último repaso al artículo me he ido a fijar en la foto. Y es que a la derecha del todo aparece un joven George C. Scott. Próximamente, si no se me va de la cabeza, traeré a colación una da sus películas Al final de la escalera. A mi me encanta esa peli y creo que si no la habéis visto merece un vistazo. Esa es en color.

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